Reportaje en Ometepe

Por Amalia Cruz Vargas

desde el ferryDesde el Ferry podía observar el cayo, la famosa Isla de Ometepe, de la que todo el mundo cuenta maravillas, como si fuese un paraíso. Con el viento del invierno y las gotas de agua azotando mi rostro, no podía dejar de ver el paisaje, como las nubes se envolvían unas con otras para formar una sola capa gris llena de agua y a punto de explotar, aun así los dos volcanes Concepción y Madera no perdían su color verde, sus cúspides encubiertas bajo una neblina blanca. El agua que antes se encontraba apacible, comenzó a agitarse un poco.

muelle de moyogalpa 4Después de una hora llegamos al muelle en Moyogalpa y me encontré que era mejor, de lo que había imaginado: en la entrada, las casitas pequeñas de los comerciantes llenas de colorido, sus calles angostas, pero transitables, las personas se te quedan viendo pero ya están acostumbrados a los turistas, así que saludan amablemente con un hola.

Seguimos la ruta que lleva a Santo Domingo (zona hotelera), en el trayecto del camino todo es verde, como un manto que cubre un lecho para el descanso, hay vacas y otro tipo de animales por todos lados, el aire ahí es más liviano, más natural, en contraste con el de la ciudad que es mas denso, los insectos abundan, hay muchos anfibios sobre todo, una buena cantidad de batracios (sapos y ranas) que aunque son inofensivos pueden ser inoportunos huéspedes, si el turista descuida la puerta de su habitación del hotel o lugar de alojamiento, pero aun esto, es tener contacto directo con la naturaleza donde también los monos cara blanca tienen su protagonismo, pues siempre están pendientes de la hora de la comida y se acercan a los turistas quienes cariñosamente comparten con ellos su banquete.

muelleLos murmullos que salen de la isla son una sinfonía armónica muy organizada parecida a la de un grillo, seguramente el tema musical La Balada Campestre del granadino José Morales Lazo, quien describe todo un paisaje musical y recoge la onomatopeya de la fauna y la flora, fue inspirado en este tipo de ambiente paradisiaco.

Por la mañana la naturaleza se exhibe aun más, el sol saliente saluda con soberanía al finalizar la madrugada, las nubes que hacen un festín de movimientos artísticos, en una combinación de colores anaranjado y celeste. Las fulgurantes rocas que arroja el volcán Concepción cuando se enfurece, la ardiente lava de color negro que asoma a la carretera principal, y hasta los rótulos que dicen “welcome to the eye of water”, hablan por si solos, del paraíso terrenal que tenemos los nicaragüenses, en este pedacito de suelo en donde El charco verde guarda simpáticas leyendas que atraen a los turistas. Son detalles del amor de Dios para el disfrute del espíritu.

Con seis kilómetros de ida y seis de regreso, por más de ocho horas escalando el Volcán Madera en medio de la montaña, y atenta con las piedras del camino, para no resbalarme por donde pasaba, descubrí lo maravilloso del viaje pero lo difícil de escalar sin prepararse previamente, mientras escuchaba el latir de mi corazón muy acelerado golpeando con fuerza al punto de temer que se iba a salir de mi pecho. Solo era capaz de sentir el movimiento de los árboles, el olor a hoja verde combinado con la tierra húmeda, mientras tanto las ramas de los árboles se agitaban en bruscos movimientos ocasionados por los monos en sus acostumbrados desplazamientos de un lugar a otro.

Aun cuando llegó la hora de regresar a casa, se que me hizo falta conocer más de esa isla encantada, porque cuando pienso en ella no puedo dejar de recordar las bellezas exóticas, en la fantasía de un mundo místico con tanto por descubrir. “El mundo es la parte visible de Dios” dice el autor brasileño Paulo Coelo, pero ahora que estuve en ese espacio de Nicaragua, puedo parafrasearlo y decir que Ometepe es una parte visible de Dios.

Un chico que no es chico, es largo…y un charco que no apesta, atrae.

charco verde64Y ningún turista que se precie de haber vivido bellas realidades y simpáticas fantasías en este lugar, puede dejar de conocer el mito de Chico Largo del Charco Verde y aunque la popularidad de esta leyenda, es bien conocida por todos, siempre gusta, porque es parte de la cultura que envuelve a los habitantes, y se ha extendido tanto, que hoy ya no es sólo un lugar que despierta curiosidades fantasmagóricas, sino que es un centro turístico que atrae por su famosa historia, que según los pobladores, es una pequeña laguna encantada donde sus aguas albergan a un ser sobrenatural que da riquezas a cambio del alma de las personas que deciden hacer un pacto.

En un libro alusivo a la isla de Ometepe “La tierra prometida” de la autora Bertilda Páez Andino, narra acontecimientos ocurridos en la isla. Según el cuento, unos arqueólogos que llegaron a buscar piezas antiguas, tropezaron con hoyos profundos que al parecer no tenían fin y desde el fondo escuchaban voces de ultratumba.

la vista desde el volcan maderaLa historia cobra vida con la aparición de don Emilio Rivera Moreno, un extranjero que se asentó en la isla, y que con el tiempo logró poseer las mejores tierras del lugar, por tal motivo se asociaba al hecho de establecer un pacto con Chico Largo. Sus trabajadores desaparecían frecuentemente, según la gente, eran convertidos por Chico Largo en ganado o cerdo, y asumían esto porque los rostros de los desdichados obreros eran semejantes al de los animales, según cuentan los pobladores.

Con cuentos, leyendas, historias y fantasías, me despedí de Ometepe, con el anhelo de regresar pronto para seguir internándome en su cultura, sus bellezas naturales y el trato cariñoso de sus pobladores.

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