RUBEN DARIO: El Circo Corona “Al vuelo de Hortensia”

GUSTAVO ADOLFO MONTALVAN RAMIREZ

(Primera parte)

Especial para EMPRES-TUR bajo la dirección de Rosario Mendoza Corea

Es importante conocer estos datos, porque contribuyen a despertar en nuestra imaginación, y a la vez misma, a ampliar las referencias que nos da Darío al hablarnos de la saltimbanqui norteamericana, Hortensia Buislay, por la que el mismo poeta se confiesa locamente perdido por su  estructural figura, que al vaivén de sus habilidades acrobáticas en las cuerdas y suspendida en el aire, el precoz adolescente, a la edad de trece años y medio, sufre el tormento de sus ojos enamorados.

El niño con alma de poeta, se hace amigo de uno de los payasos, un clown; vestido de músico, portando una especie de clarinete, o de órgano melódico, o de un acordeón sujeto a su pecho, el audaz niño entra al circo gratuitamente en pos de su ilusión inolvidable.

El talento que derramaba el niño poeta, jamás fue desaprovechado. Aunque se le veía tal vez un poco cansado y trasnochado en su semblante, por lo que a veces malos amigos, o envidiosos de aquella indescifrable inteligencia, le llamaban “poeta loco”.

No por estas condiciones, debió el niño poeta, desaprovechar, pero lo más seguro, presumimos nosotros, lectores del siglo XX y del XXI, era una noche de gala y doble presentación ante el público leonés, el adolescente Darío no debió perderse el acto teatral; al día siguiente, y los subsiguientes, no perdió ninguna función del circo en que aparecía la muchacha blanca, rubia y de ojos azules, Hortensia Buislay.

Deseo insistir en este tema, y voy ampliar el relato por los archivos de datos que enriquecí en mi obra del 2007, titulado Rubén Darío y la Literatura Norteamericana, donde expongo lo siguiente:

EL DULCE RECUERDO DEL CIRCO CORONA

Estamos frente al problema que tenemos varios caminos que recorrer, que son diferentes puntos de vista sobre un mismo tema, para que apreciemos los distintos ángulos y quede atrapado para la historia, el pasaje del circo Corona en Nicaragua, allá por los años de 1880.

Ustedes, mis queridos amigos lectores, ya deben de saber que antes que el poeta niño se enamorase de su prima Isabel (Inés en unos de sus cuentos), se había enamorado (más bien diríamos que perdió “el juicio”), de una niña encantadora con piel de porcelana, o tan tersa como las ninfas que aparecían en las verdes praderas que bordeaban el Olimpo griego, de nombre Hortensia Buislay. Es claro que su nombre y apellido la delataban como una fémina norteamericana.

¿De cuántos años tendría el adolescente poeta niño por este tiempo del “Circo Buislay”? Bueno, en su Autobiografía Darío, lo sugiere cuando va a cumplir los trece años de edad. ¿Sería acaso el año de 1879, cuando está por terminar el período de gobierno del doctor Pedro Joaquín Chamorro Alfaro (1875 – 1879)?

De ser así, esto ocurriría en la ciudad de León, aunque es bueno decirlo, el “Circo Buislay” era un circo ambulante que andaba de visita por varios lugares de Nicaragua, pues como lo dice Darío, y lo asegura también la maestra Josefa Toledo de Aguerri en su obra Enciclopedia Nicaragüense, compendio de la Revista Femenina Ilustrada, cuando ella era una niña de 7 o 9 años de edad (1873 ó 1875), y asistía a la escuela elemental de primaria, de doña Paulina de la Vega, en la ciudad de Masaya, la niña Toledo dice que tuvo conocimiento del “Circo Wisllay”[1], el cual sería el mismo que vio y asistió luego Dariíto, pero en el año de 1882, cuando ha cumplido los quince años de edad, bajo la administración de Joaquín Zavala (1879 – 1884).

Sin embargo, tenemos ligeras sospechas de que ambos personajes se equivocaban de la fecha exacta en que tuvieron la presencia del referido circo, porque como veremos, el relato de Darío asegura en su Autobiografía que eso ocurriría antes de cumplir los trece años, no especificando tampoco si asistió al circo en la ciudad de León o en Managua.

En el Capítulo VII de Autobiografía, de Rubén Darío, se lee: “Florida estaba mi adolescencia. Ya tenía yo escritos muchos versos de amor y ya había sufrido, apasionado precoz, más de un dolor y una desilusión a causa de nuestra inevitable y divina enemiga: pero nunca había sentido una erótica llama igual a la que despertó en mis sentidos e imaginación de niño, una apenas púber saltimbanqui norteamericana, que daba saltos prodigiosos en un circo ambulante. No he olvidado su nombre, Hortensia Buislay.

 Como no siempre conseguía lo necesario para penetrar en el circo, me hice amigo de los músicos  y entraba a veces, ya con un gran rollo de papeles, ya con la caja de un violín; pero mi gloria mayor fue conocer al payaso, a quien hice repetidos ruegos para ser admitido en la farándula. Mi inutilidad fue reconocida. Así, pues, tuve que resignarme a ver partir a la tentadora, que me había presentado la más hermosa visión de inocente voluptuosidad en mis tiempos de fogosa primavera.”

Continuará… en próxima publicación de EMPRES-TUR

[1] Escrito así de esta manera diferente a “Buislay” como lo escribe Darío.